e mërkurë, 13 qershor 2007

LILAHAZARD

Fedosy Santaella




ANTES

La Hormiga Atómica no era el mismo de otros tiempos. Tenía aún la imbatible fuerza que todos le conocimos, pero aun así, no era el mismo. Y eso le hacía sufrir demasiado, pues tenía una vanidad muy grande.

Los héroes, los artistas y los argentinos tienen fama de poseer el registro de vanidad más ostentoso de la humanidad…

Ojo: no debemos colegir que un argentino, sólo porque esté incluido en esta breve lista también sea, de facto, es decir “porque-sí”, un héroe o un artista, o ambas cosas…

Por cierto, yo tengo un cuñado argentino que cocina muy bien. Saludos al cuñado, por allá por Alemania. Espero que después de leer esto no amole sus cuchillos y se venga enfurecido para Venezuela…

La que sí se lanzó para nuestra excelsa República Bolivariana, fue la Hormiga Atómica. Ella, como ya sabemos, vuela, así que no compró pasaje, aunque igual se vino volando a nuestra querida patria. Había visto en una página wesssss que en aquel país “al norte del sur”, remediaban el problema que le aquejaba.

Luego de frustrar tres asaltos a mano armada, cuatro ejecuciones a quema ropa, diez operaciones menores de narcotráfico, quince estafas con paquete chileno, veinte estupros, y cien fornicaciones sin condón (todo esto camino del aeropuerto a Caracas), llegó a la dirección que aparecía en Internet.

“El lugar”, ubicado en una zona apartada y montañosa cercana a la ciudad, era un edificio de altas y gruesas paredes de hormigón, con ventanas pequeñas de vidrios ahumados, jardines xerofíticos y escuetos, y ausencia de vida humana en su entorno.

En la entrada, constituida por un sólido portón de acero, no encontró timbre ni intercomunicador. Así que llamó dando golpes y esperó. Luego de unos minutos, se abrió una ventanita. La Hormiga voló hasta la altura de los ojos, y preguntó por Richard Romero, quien aparecía en la página wessssss como el encargado de “El lugar”. La ventanita se cerró y la Hormiga Atómica volvió a esperar.

Tanto misterio obedece a dos razones:

1) “El lugar” era clandestino.

2) Conviene al narrador para crear expectativa en el lector.

Poco después, el portón se abrió, y la Hormiga Atómica conoció el resto del cuerpo y las ropas que complementaban a los ojos que lo habían recibido en la ventanita. La cara le fue esquiva, pues de imediato giró y empezó a alejarse.

De primer momento, hubo algo que le hizo sentir un leve escalofrío. Miró hacia los lados, irguió sus antenas ultrasensibles. Sin duda, había algo raro en el ambiente, y también en el guía que lo llevaba al interior de “El lugar”. Pero como uno sabe que las cosas están mal cuando mira a una persona de frente y no de espalda (a menos que seas japonés y estés en una película de terror japonesa), la Hormiga Atómica no pudo determinar qué pasaba con el individuo que le servía de Virgilio a través de aquel frío laberinto.

Por fin llegaron a un amplio despacho. Las sombras, las motas de polvo que flotaban en el aire y las alfombras persas hacían su juego de lujos.

Al fondo, en el contraluz de una pequeña ventana ojival (recuerden que todas las ventanas eran mínimas), aguardaba una figura humana en un gran escritorio. La Hormiga Atómica fue llevada hasta allí. Al sentarse, intentó lanzarle una mirada detallada al rostro de su guía, pero éste se movió como un ágil felino, escudado además por las sombras que vestían aquel sitio.

El hombre del escritorio tampoco podía verse con claridad. Todo él estaba cubierto con un manto de penumbras.

-Caballero –dijo el hombre.

-¿Señor Richard Ricardo? –preguntó Hormiga.

-El mismo que viste y calza.

-Vengo… vengo a solucionar… mi… mi…

-Problema –completó Richard Ricardo.

La Hormiga Atómica tragó saliva. Nada dijo.

-Olvídese del bisturí –continuó el hombre de las sombras.

-Eso me parece fenomenal, porque ningún bisturí puede cortarme –respondió Hormiga.

-Olvídese de la inyección.

-Ese me parece fenomenal, porque ninguna aguja puede pincharme.

-Olvídese la manguera.

-Eso me parece fenomenal, porque ninguna manguera puede penetrarme.

Richard Ricardo tosió, para luego decir:

-Su palabra vaya por delante.

-Por supuesto.

-Por el suyo –soltó en voz baja el hombre.

-¿Qué?

-¡Olvide esto también! –dijo Ricardo alzando la voz.

-Lo olvidaré por su propio bien.

-Por el suyo –dijo otra vez bajito Richard Ricardo.

-¿Otra vez?

La Hormiga Atómica se puso de pie, los puños apretados.

-Olvide, olvide todos sus problemas –dijo el hombre tranquilamente-. Aquí tenemos la tecnología de punta que cambiará su vida y lo hará sentirse joven otra vez.

La Hormiga Atómica sonrió, y sacó la chequera.



DESPUÉS

Feliz andaba la Hormiga Atómica. Había vuelto a ser el mismo de antes. Lucía joven, lozano. Ya saben, un súper-héroe no puede envejecer. Un súper-héroe debe ser una imagen siempre luminosa a los ojos de sus admiradores.

Así, volvió a dejarse ver en los sitios públicos (tenía tiempo escondiéndose). Iba a los restaurantes y firmaba autógrafos. Era de nuevo el héroe bonachón de aquellas viejas comiquitas.

Estaba en su mejor momento, cuando, una tarde, se miró al espejo y vio algo raro. Tuvo un leve escalofrío otra vez, aquel mismo airecito malsano que experimentara en “El lugar”.

Volvió a mirarse al espejo. Notó una ligera diferencia. Algo así como una picadura en su mejilla derecha. Sí, era eso, una picadura y más nada. Pero, ¿y el escalofrío? Pensó en “El lugar”. Recordó las sombras, al hombre brumoso del escritorio, al guía impreciso. Ahora que lo pensaba bien… todo había transcurrido en una especie de mundo onírico donde la niebla era omnipresente. Y con quienes había tratado habían sido como fantasmas, como seres sin rostro…

Dos días más tarde, la Hormiga Atómica había roto todos los espejos de su casa.

No quería verse reflejado en ninguna parte.

Algo terrible había ocurrido.

Emprendió el vuelo. Viajó a la velocidad de la luz. Llegó a “El lugar”.
No se preocupó por llamar a la puerta. Usando toda su fuerza, lleno de ira, Hormiga atravesó las paredes.

Los ladrillos y el acero volaron por todas partes. La luz entró a borbotones.
Unos gritos llenaron el espacio, pero entre el polvo y la invasión de luz se le hizo difícil saber qué ocurría.

Por fin llegó al enorme despacho de la pequeña ventana ojival. Descendió sobre el escritorio, frente a Richard Ricardo, el hombre de las sombras que ya no tenía sombras, ni tampoco era hombre, ni mujer, ni nada que pudiera semejar a un ser humano. Era, nada más y nada menos, que un mutante. Un horrible mutante que se parecía a… a… a…

Richard Ricardo ululaba lleno de terror y desesperación. Era como si no soportara la luz, como si no cupiera en su vergüenza.

Cientos de mutantes empezaron a rodear el escritorio. Todos se lamentaban con igual intensidad.

La Hormiga Atómica los detalló. ¡No, no podía ser! Estaba en camino de convertirse en hermano de aquellos seres deformes. Sus rostros –los de ellos, el de Richard Ricardo y suyo- parecían venir de un semblante original, de una cara madre. ¿Pero cuál? ¿Pero cuál?

Aquel rostro mutante que se repetía en todos se le antojaba conocido. De pronto, lo relacionó con un canal evangélico. Sí, alguna vez vio ese rostro en un canal cristiano. Pero también antes, alguna vez, en un congreso de personajes legendarios, un tigre venezolano que recién había salido del clóset -Tío Tigre se llamaba-, le confesó su amor por la dueña del rostro. ¡Pero claro! ¡Y después la vio en el canal evangélico! ¡La vio cantando!

¡No, no podía ser! ¡No, él no quería parecerse a ella! ¡Él no quería tener el rostro de Lila Morillo!

-¿Pero qué han hecho? –gritó la Hormiga Atómica.

El antiguo hombre de las sombras –y el que más se parecía a Lila Morillo-, se incorporó y le dijo:

-Hace años surgió una maravillosa solución para eliminar de nuestras vidas las cirugías plásticas, el bótox y las liposucciones. Un científico ruso que vino a trabajar en los reactores que el gobierno montó a brinco rabioso hace diez años, trajo la idea: un tratamiento a través de pequeñas dosis de radiación. Lo probamos, y fue fantástico. Desaparecieron las panzas, las arrugas, se inflaron las tetas, las nalgas, los labios. Y toda esa maravilla era posible con sólo someterse a dosis mínimas y controladas de radiactividad.

-¿Queeeeeeé? –gritó la Hormiga-. ¿Eso fue lo que hicieron conmigo? ¿Me sometieron a la radioactividad?

-Sí –respondió lacónicamente el hombre.

-¡Me engañaron! ¡Me estafaron!

-No, usted nunca preguntó, amigo, nunca. Se dejó hacer, sin chistar. Usted
estaba desesperado, usted quería volver a ser joven.

-Eso es cierto, pero, pero… ¿si ya sabían los resultados por qué siguieron?, ¿por qué no dijeron nada?

-¿Pero qué cree? ¡Nadie puede ver cómo el rostro de Lila Morillo invade el propio sin volverse loco! ¡Porque nosotros estamos locos! ¡JAJAJAJAJA! ¡TOTALMENTE LOCOS!

Los mutantes se echaron a reír a carcajadas.

-¿Y por qué Lila Morillo? ¿Por qué ella?

-Lo único que hemos podido averiguar es que el ruso, que por cierto se fue a vivir a Cuba, era fanático de Lila.

-¿Era gay?

-No sabemos, ¿por qué? –respondió Richard “Lila” Ricardo.

-No bueno, porque Tío Tigre lo era.

-¿Y eso qué tiene que ver? ¿Quién es el tal Tío Tigre, además?

-Nada, nada, olvídelo –dijo Hormiga ya con el llanto haciendo estragos en su voz.

Ya vencido por el pánico y la desesperanza, nuestro héroe se dejó caer de rodillas al suelo, y su llanto comenzó a confundirse con unas aberrantes carcajadas. Los otros mutantes lo abrazaron, enternecidos, y, al mismo tiempo, dándole la bienvenida, acogiéndolo en su patética hermandad.



AHORA

Desde entonces, aquel que alguna vez fue la Hormiga Atómica porta el rostro de Lila Morillo, y no deja de cantar a viva voz El Cocotero mientras golpea sin piedad a los malos, es decir a todos los cirujanos plásticos del planeta tierra.

Ah, y ahora su nuevo nombre es… Lilahazard.


http://www.fedosysantaella.blogspot.com/


4 komente:

©Javier Miranda-Luque tha...

Qué vaina es la memoria, Fedosy: yo estaba empeñado en recordar a la hormiga atómica con unos enormes anteojos que, evidentemente, ¡no tiene!

Purita fabulación mía, entonces, que sobrevive a núcleos y radiaciones.

Abrazo neo-ruso, JML.

Fedosy tha...

Javier, ¿no los cofundirías con el Intrépido Volador? Ese sí usaba lentes.

Anonim tha...

Fedosy
¿donde carajo estàn los Chang?
¿por que los sacastes del juego?

Maripaz

Bebita tha...

Estoy segura que los Chang prevalecerán. Yo esperaré. Estos muchachos siempre se traen algo bajo el brazo.

Besos, Fedosy.